Dia tras dia leemos en la prensa o escuchamos en la tv las terribles noticias sobre mujeres asesinadas por sus parejas o ex parejas, noticias que siempre repiten los mismos argumentos, los mismos o similares esquemas:
- Mujer que ha decidido romper con su pareja, novio, marido, amante o lo que sea (me niego a utilizar el eufemismo de "compañero sentimental" )
- Mujer que tras largos años de abusos, vejaciones, tortura física y psíquica, decide que ya ha llegado el momento de decir "basta".
- Mujer de cualquier edad y condición económica o social que ha dicho NO a las pretensiones monopolizadoras y exclusivas de un hombre.
Y mientras nos escandalizamos ante esas graves e irreparables pérdidas, durante un momento, unas horas, unos días tal vez, asistimos impertérritas a un avance creciente de actitudes machistas que se introducen en nuestra vida cotidiana con total impunidad.
Las plazas y zonas infantiles están pobladas por pequeñas "lolitas" de 5, 6,7 u 8 años, ataviadas con indumentarias más propias -en el mejor de los casos- de jovencitas quinceañeras o -en el peor- como putitas en miniatura, ante la mirada complacida y orgullosa de unas madres descerebradas.
Las mismas madres adictas a los culebrones venezolanos, esos que transmiten esos estereotipos de mujeres bellísimas, quasi perfectas, incluso preparadas profesionalmente y, en apariencia, autónomas e independientes, pero que indefectiblemente sucumben a los encantos del "macho" por excelencia que, aunque ahora se vista de Armami, reproduce fielmente el concepto del hombre hombre, del que manda y ante el que la mujer debe someterse.
El filtro de la modernidad disimula todo lo que subyace en buena parte de la sociedad española, seguimos encubriendo a los cobardes, criminales y estúpidos machistas de siempre. No importan las políticas de igualdad, no sirven de nada las campañas, qué mas da que exista un Ministerio de Igualdad si los medios de comunicación siguen vertiendo los mismos valores que alimentaron a las generaciones de la primera mitad del siglo XX, si todo aquello por lo que lucharon las feministas españolas en los 60, en los 70, en los 80, se ha devaluado en aras del consumismo salvaje.
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